El Arquitecto

El Arquitecto, en realidad, entra dentro de dos categorías distintas de agente: como proyectista y como director facultativo de la obra. No forzosamente el arquitecto que diseñará el proyecto se encargará posteriormente de dirigir la obra.

Cuando el arquitecto redacta un proyecto, lo hace de acuerdo con la normativa técnica y la urbanística: la primera va con el oficio, pero la segunda implica ponerse al día con las normas y ordenanzas municipales del lugar donde se vaya alevantar el edificio de nueva construcción, o a llevar a cabo la intervención. A veces están mal redactadas,  incompletas, dando lugar a varias interpretaciones, etc. El proyectista acudirá varias veces al área de Urbanismo del ayuntamiento en cuestión y se encontrará con que un técnico municipal le dice una cosa  y, al día siguiente, otro le puede decir lo contrario. Gestionará la obtención de la preceptiva licencia, adaptando su proyecto a lo que le vayan exigiendo.

Los proyectos pueden ser parciales, y varios proyectistas pueden firmar cada uno su parte, haciéndose responsables de ella.

¿Qué obligaciones tiene el proyectista? (art. 10.2 LOE)

  • Debe estar en posesión de la titulación académica y profesional habilitante de arquitecto (o arquitecto técnico,ingeniero o ingeniero técnico, según corresponda). Deberá ser arquitecto para edificios de carácter “administrativo, sanitario, religioso, residencial en todas sus formas, docente y cultural” (art. 2.1.a)).

El proyectista puede ser una empresa (por ejemplo, la sociedad limitada de un estudio de arquitectura).Aun así, el proyecto irá firmado por un arquitecto habilitado, pongamos que Don BRAULIO CASOPLÓN. Sin embargo, en el contrato entre el promotor y el proyectista perfectamente puede figurar la empresa ARQUITECTOS DE ESCUADRA Y CARTABÓN, SL y no el arquitecto BRAULIO y, en este caso, las acciones legales se deberán iniciar contra quien figure en el contrato, la S. L. citada, pues delo contrario habrá falta de legitimación pasiva (se demanda a BRAULIO, que no figura en el contrato, y por lo tanto a quien no se debe demandar: así no podrá condenarse a quien no debió ser demandado).

  •  Redactar el proyecto con sujeción a la normativa vigente y a lo que se haya establecido en el contrato y entregarlo, con los visados que en su caso fueran preceptivos.     
  • Acordar, en su caso,con el promotor la contratación de colaboraciones parciales.

El figura del arquitecto también aparece en otro tipo de agente: el director de obra (art. 12). Es quien dirige “el desarrollo de la obra en los aspectos técnicos, estéticos, urbanísticos y medioambientales, de conformidad con el proyecto que la define, la licencia de edificación y demás autorizaciones preceptivas y las condiciones del contrato,con el objeto de asegurar su adecuación al fin propuesto”.

Si existen  proyectos parciales de otros técnicos, éstos podrán dirigir sus respectivos proyectos, pero bajo la coordinación del director de obra.

¿Cuáles son las obligaciones del director de obra?

Como para el proyectista,debe estar en posesión de la titulación académica y habilitado (colegiado) y designar  a un arquitecto si la dirección facultativa de la obra fuese ostentada por una persona jurídica (como en el caso del proyectista).

Además, tiene una serie de obligaciones, que podemos distinguir en dos tipos distintos: las de carácter técnico y las que llamaremos -para entendernos mejor- de carácter administrativo o burocrático.

Obligaciones técnicas:

  •    Verificar el replanteo y la adecuación de la cimentación y de la estructura proyectadas a las características geotécnicas del terreno.
  •     Resolver las contingencias que se produzcan en la obra y consignar en el Libro de Órdenes y Asistencias las instrucciones precisas para la correcta interpretación del proyecto.
  •    Elaborar, a requerimiento del promotor o con su conformidad, eventuales modificaciones del proyecto, que vengan exigidas por la marcha de la obra siempre que las mismas se adapten a las disposiciones normativas contempladas y observadas en la redacción del proyecto.

Obligaciones “administrativas”:

  •    Suscribir el acta de replanteo o de comienzo de obra y el certificado final de obra, así como conformar las certificaciones parciales y la liquidación final de las unidades de obra ejecutadas, con los visados que en su caso fueran preceptivos.
  •    Elaborar y suscribir la documentación de la obra ejecutada (el llamado Libro del Edificio,por ejemplo) para entregarla al promotor, con los visados que en su caso fueran preceptivos.

¿En qué casos se suele demandar al arquitecto?

Evidentemente, cuando no cumple sus obligaciones. Pero esta perogrullada no nos es muy útil.

En la práctica, normalmente hablamos tanto de si ha dirigido una obra que contraviene la normativa como si existen deficiencias que no pertenecen a la ejecución sino al diseño en sí: un proyecto defectuoso que no contempla ciertas circunstancias. Por ejemplo, si no ha tenido en cuenta el tipo de suelo que requería una cimentación específica, unos cálculos erróneos ala hora de diseñar la estructura, y todo tipo de deficiencias a la hora de no hacer previsión de ciertos elementos necesarios (acometidas y saneamientos mal proyectados, etc.)

La defensa del arquitecto suele consistir en demostrar que los defectos que aparecen en  una edificación no son por causa del proyecto, sino por el hecho de haberse ejecutado mal un buen proyecto.

El arquitecto que dirija la obra debe cuidar de que no se produzcan defectos de magnitud, que afecten a la globalidad de la obra o a sus elementos estructurales.

Por supuesto, no es tan sencillo: la función de superior dirección de la obra implica (STS 22 de diciembre  de 2006)  la obligación de vigilar que la obra se desarrolla con arreglo al proyecto, y esta función incluye fiscalizar su adecuada ejecución también en cuanto a materiales empleados.

Y es que la inspección superior forma parte de la dirección de la obra, y conlleva dar las órdenes oportunas para que sean corregidos los desvíos respecto al proyecto, los materiales, las deficiencias de ejecución, etc.

Únicamente podrá eximirse de esta responsabilidad haciendo contar en el Libro de Órdenes aquellos defectos que suponen alejarse del proyecto, y pudiendo justificar haber ordenado y fiscalizado su corrección (SAP de Barcelona de 5 de septiembre de 2012).

 El Libro de Órdenes, entonces, adquiere gran importancia de cara no solamente a una buena comunicación entre los agentes, sino al descargo de responsabilidades de quien consigne en él todo defecto constatado.

Dicho esto, no son (STS de 15 de noviembre de 2005 y, antes, STS de 24 de febrero de 1997) imputables al arquitecto los defectos de ejecución o los incumplimientos que no exceden de simples imperfecciones.

Sí lo son (STS de 29 de diciembre de 1998 y 5 de abril de 2001) , por culpa in vigilando las deficiencias en la labor constructiva fácilmente perceptibles, ya que debe recordarse que el arquitecto superior responde también de vicios que se deriven de un control inadecuado sobre la ejecución efectiva de la obra (Sentencias del TS de 22 de septiembre de 1986, de 15 de abril de 1991 y 22 de septiembre de 1994).

Como veremos más adelante, que se declare la responsabilidad del arquitecto director facultativo de la obra no exime al aparejador que haya asumido la dirección ejecutiva, de quien hablaremos en otro post.

El contrato de edición

05-09-16-caligrafia

El contrato de edición viene regulado en los artículos 58 a 69 de la Ley de Propiedad
Intelectual.

Introducción

Se entiende por contrato de edición aquel por el cual el autor (o sus herederos) ceden, a cambio de dinero, el derecho a reproducir y distribuir una obra al editor, que operará por su cuenta y riesgo.

El contrato de edición no puede serlo por obras futuras: así, el objeto del contrato será una o varias obras concretas, no pudiendo acudir a un genérico “las obras que el autor X escriba en adelante”.

Cosa distinta es que un editor encargue una determinada obra al autor: aquí, no estaremos ante un contrato de edición, si bien podrá pactarse que el autor reciba un anticipo por los derechos que le correspondan por la edición, si llegase a llevarse a cabo.

Si el autor colaborase con una publicación periódica tampoco se hablará de contrato de edición.

Contenido mínimo del contrato de edición

El contrato de edición debe tener un contenido mínimo además de, obligatoriamente, formalizarse por escrito, pues de lo contrario sería nulo: si es o no en exclusiva, en qué ámbito terrotorial (sólo España, Unión Europea, para todo el mundo, etc), cuál será la tirada mínima y máxima de cada edición, cuántos ejemplares se reservan al autor, cuántos ejemplares se reservan para la crítica o la promoción, cuánto se abonará al autor (a tanto alzado o un porcentaje sobre el PVP sin IVA de cada libro vendido), cuál es el plazo en el que el editor se compromete a poner la obra en circulación desde la entrega por el autor (nunca superior a 2 años).

Cuando se trate de un libro, además deberá expresarse la/s lengua/s en que se publicará, si hay anticipo o no y las modalidades de edición (en papel encuadernación rústica, en bolsillo, en formato digital, etc).

A pesar de que, por norma general, hemos dicho que el plazo para la primera edición no podrá ser superior a dos años desde la entrega de la obra pro el autor, este límite máximo no se aplica cuando se trata de diccionarios, antologías, prólogos, introducciones, comentarios o ilustraciones de obras ajenas.

Obligaciones del editor

1.º Reproducir la obra en la forma convenida, haciendo constar  el nombre del autor
2.º Someter las pruebas de la tirada al autor.
3.º Proceder a la distribución de la obra en el plazo y condiciones estipulados.
4.º Asegurar a la obra una explotación continua y una difusión comercial conforme a los usos habituales .
5.º Satisfacer al autor la remuneración estipulada y, cuando ésta sea proporcional, al menos una vez cada año, la oportuna liquidación, y con certificado de los datos relativos a la fabricación, distribución y existencias de ejemplares.

Obligaciones del autor

1.º Entregar la obra al editor  para su reproducción  dentro del plazo convenido
2.º Responder ante el editor de la autoría y originalidad de la obra y del ejercicio pacífico de los derechos que le hubiese cedido.
3.º Corregir las pruebas de la tirada.

El autor, durante el período de corrección de pruebas podrá introducir en la obra las modificaciones que estime imprescindibles, siempre que no alteren su carácter o finalidad, ni se eleve sustancialmente el coste de la edición. En cualquier caso, el contrato de edición podrá prever un porcentaje máximo de correcciones sobre la totalidad de la obra.

El editor no podrá, sin consentimiento del autor, vender como saldo la ediciónantes de 2 años de la inicial puesta en circulación de los ejemplares. Transcurrido dicho plazo, si el editor decide vender como saldo los que le resten, lo notificará fehacientemente al autor, quien podrá optar por adquirirlos ejerciendo tanteo sobre el precio de saldo o, en el caso de remuneración proporcional, percibir el 10 % del facturado por el editor. La opción deberá ejercerla dentro de los 30 días siguientes al recibo de la notificación.

Si, tras el mismo plazo, el editor decide destruir el resto de los ejemplares de una edición deberá asimismo notificarlo al autor, quien podrá exigir que se le entreguen gratuitamente todos o parte de los ejemplares, dentro del plazo de 30 días desde la notificación. El autor no podrá destinar dichos ejemplares a usos comerciales.

Con la actual tecnología de impresión bajo demanda que se va extendiendo, tanto el saldo como la destrucción van perdiendo importancia.

Por otra parte, mencionar que hemos comprobado asimismo cómo en España los libros se venden al peso, tras unos años, para distribuirse después como saldo en América Latina, sin que el autor tuviese conocimiento alguno. Acreditar este extremo, sin embargo, no siempre es sencillo, al  menos a la hora de cuantificar el número de ejemplares.

Resolución del contrato de edición

Dentro del derecho del autor (que no significa que no deba indemnizar por ello al editor, según el caso), podrá aquél resolver el contrato en los como el de incumplimiento de algunas de las cláusulas elementales o las olbigaciones del editor o, también:

–  Si el editor cede indebidamente sus derechos a un tercero

–  Si, agotada la última edición realizada, el editor no efectúe la siguiente  en el plazo de un año desde que fuese requerido para ello (una edición se considerará agotada cuando el número de ejemplares sin vender sea inferior al 5 por 100 del total de la edición y en todo caso, inferior a 100 ejemplares).
– En los supuestos de liquidación o cambio de titularidad de la empresa editorial, siempre que no se haya iniciado la reproducción de la obra, con devolución, en su caso, de las cantidades percibidas como anticipo.
– Si, debido a un procedimiento concursal, cesa la actividad del editor y se suspende la explotación de la obra, el juez podrá fijar un plazo para que se reanude dicha explotación , a instancia del autor. Si no, quedará resuelto el contrato.

Causas de extinción del contrato de edición

Además de por las causas generales de extinción de los contratos, el contrato de edición se extingue:

– Por la terminación del plazo pactado.
– Por la venta de la totalidad de los ejemplares, si ésta hubiera sido el destino de la edición.
– Por el transcurso de 10 años desde la cesión si la remuneración se hubiera  pactado exclusivamente a tanto alzado.
– En todo caso, a los quince años de haber puesto el autor al editor en condiciones de realizar la reproducción de la obra.