Amenazas por internet. Intro.

Las amenazas pueden, como las injurias (no las calumnias, decíamos, que sólo pueden ser calificadas de delito), ser tipificadas como falta o como delito. Haremos un recorrido divulgativo sobre ellas para, después, ver algunos casos concretos de amenazas en internet.
El artículo 620 del Código Penal castiga (además de la amenaza con arma o instrumento peligroso) a quienes causen a otro una amenaza, coacción, injuria o vejación injusta de carácter leve. Para ello, debe mediar denuncia de la persona agraviada. Y ello porque el artículo 18.1 de la Constitución Española garantiza conjuntamente “los derechos al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”.

El delito de amenazas, en cambio, viene tipificado en los artículos 169 a 171. Amenazar es dar a entender a otro -con actos o con palabras- que se quiere hacer algún mal sobre éste, a su familia o a otras personas con las que esté “íntimamente vinculado”. Es decir, que ampliarlas a relaciones de amistad o profesionales, cuando sean tan intensas que puedan afectar al proceso de formación de la voluntad del amenazado. También se considera amenaza cuando se produce contra los habitantes de una población, los grupos étnicos o “un amplio grupo de personas”.
El contenido de la amenaza -causar un mal sobre aquello que se protege jurídicamente- debe ir dirigido contra la vida y la integridad física, la libertad sexual, la intimidad y el honor, por un lado, contra el patrimonio y, también, contra el orden socioeconómico. No hace falta que se amenace con cometer un delito: revelar un secreto, como parte de un chantaje, es una amenaza calificada de “menos grave”, pero amenaza al fin.

Lo que verdaderamente se protege es, en realidad, la libertad y la tranquilidad personal, que no debe verse condicionada por la preocupación fundada en el peligro que otro dice estar dispuesto a provocar, algo que se ve claramente en las llamadas amenazas condicionadas o exigiendo cantidad: si no haces esto mato a tu familia, si no me das 3.000 euros publico tus fotos en internet.
Entonces, el mal que se anuncia debe ser injusto, determinado, posible, depender exclusivamente de la voluntad de quien amenaza y capaz intimidar. Se trata de un delito circunstancial, es decir, que importa especialmente todo aquello que rodea al hecho de amenazar: la ocasión en que se produce, la o las personas que intervienen, los actos anteriores, simultáneos y, por supuesto, lo posteriores. Este conjunto de circunstancias permite saber si efectivamente hay razones fundadas en el temor que dice sentir la víctima.Si quien amenaza cumplió su objetivo, si se sale con la suya, la pena será mayor. También lo será si se amenaza en nombre de entidades o grupos reales o supuestos (no importa si son organizaciones criminales o no: amenazar en nombre de agrupaciones, asociaciones, sindicatos o peña deportiva también es una amenaza agravada).
La amenaza puede realizarse tanto personalmente como por algún medio de difusión, y esto es un tercer agravante: ya no sólo por escrito (envío de una carta), como antaño, sino por teléfono, o por cualquier medio de difusión. Ni qué decir tiene que las redes sociales son un campo muy propicio para las amenazas, gracias a la publicidad/viralidad y, a veces, anonimato y que, también, lo es para quienes de manera intolerante dicen ofenderse (injurias) o sentir miedo por lo que otros dicen en Facebook o Twitter y pretenden por ello, presentar querellas a diestro y siniestro.

En el próximo post nos centraremos en algunos casos concretos de amenazas producidas través de las redes sociales.

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