DELITOS EN LA RED II. Injurias y calumnias.

Recordemos que la calumnia es “la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio a la verdad“(artículo 205 Código Penal). Hablamos aquí, por lo tanto, de algo objetivo: estoy diciendo que mi vecino ha cometido un delito determinado, siendo ello falso y sabiendo que lo es. La única subjetividad al respecto es que yo sepa que es falso, importante a la hora de ser acusado o de defenderme, puesto que debe demostrarse que, efectivamente, yo era consciente de estar diciendo algo falso. Si lo que atribuyo no es un delito sino una falta, no habrá lugar a estimarse que existe una calumnia.

En cuanto a la publicidad, se entiende que existe cuando las calumnias “se propaguen por medio de la imprenta, la radiodifusión o por cualquier otro medio de eficacia semejante (art. 211 C.P.)”.

Vemos que la calumnia, entonces, es un tipo agravado de la injuria, que es definida como  “la acción o expresión que lesiona la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación” (artículo 208 C.P.), siempre que se consideren graves por el concepto público. No se trata, entonces, de lo que al ofendido le parezca sino que socialmente aquello que se diga de él se considere grave a ojos de la sociedad. Si para ello me baso en atribuirle unos hechos (no un delito) determinados, éstos deberán ser atribuidos, como en el caso de la calumnia, con conocimiento de ser falsos para que exista delito.

Por ello, la calumnia siempre será delito, si existe. En cambio, el artículo 620.2 del C.P. recoger como faltas a los que causen a otro una amenaza, coacción, injuria o vejación injusta de carácter leve, nade se dice sobre calumnias leves que, por definición, no serían delito tampoco. Es decir, que atribuyo un delito a alguien (y eso es delito de calumnia) o  no lo hago (y no lo es).

Veamos ahora algunos ejemplos concretos que no llamaremos jurisprudencia por tratarse de casos que conocieron diversos juzgados de primera instancia, a los que recurrimos  como anecdotario:

Jose Francisco y Amador fueron pareja durante dos o tres años, finalizando la relación hace algún tiempo. Tras la ruptura,  uno de ellos subió a Facebook fotografías del otro con diversos comentarios de claro contenido sexual y que le descalificaban, tales como proxeneta, traficante, estafador, ladrón mentiroso o traidor.” Es absuelto (2011) por el  Juzgado de Instrucción nº 7 de ZARAGOZA de una falta de injurias.

Manuel es condenado a diez días de trabajos en beneficio de la comunidad como autor de una falta continuada de injurias y vejaciones por el Juzgado de Instrucción nº 2 de Cangas por enviar  de forma continuada mensajes vejatorios en su teléfono móvil, correo electrónico y Facebook a Consuelo, con expresiones como “mentirosa, taimada, maquiavélica, mierda de persona, estúpida, engreída, facha, falsa, cobarde, sinvergüenza, ramera, choriza, desvergonzada, ególatra, arpía, maldita, desgraciada, mujerzuela de poca monta, fascista, víbora, guarra, chula, manipuladora, ladrona, bruja, piltrafa, embustera, rata, cínica, maldita, farsante” y otras expresiones como “eres mala”, “no vales nada, chupar pollas ya has chupado unas cuantas, hoy te van a follar bien”, “devuélveme mis cosas mujerzuela de poca monta”.
Gregorio es absuelto en primera instancia de una falta de injurias, en 2010, cuando llamó por teléfono a Tomasa en varias ocasiones y la llamó “puta” y “ladrona”. Al parecer, Tomasa había pedido dinero a diversos conocidos y luego no los había devuelto. Además de estas llamadas, decide Gregorio poner diversos mensajes en el perfil Facebook de la denunciante, con el siguiente contenido: “Cuidado con una tía de Ribeira que conduce un Mini, anda pidiendo dinero a los pobres marineros que llegan del  mar con la excusa de pagar su casa, a un colega mío le pidió 6.000 euros hace un año y no quiere devolver ese dinero”.
Recurrida la sentencia anterior, la Audiencia Provincial de La Coruña, en 2012, sí condena a Gregorio a una multa de 6 euros diarios durante 10 días, y distingue entre los primeros mensajes y los segundos: en aquellos existe ánimo de injuriar y “no cabe pensar que exista otro ánimo posible, han menoscabado dicha pretensión de respeto comprometiendo la dimensión ética de la persona, afectando a su propia consideración como ciudadana”; mientras que los contenido que cuelga en Facebook se publican “no con el fin de afectar a la dignidad de ésta, sino con el de avisar a otros de los intervinientes en dicha red (…)de forma que la actuación de Gregorio no puede ser merecedora de reproche penal, al coexistir ese otro ánimo que puede excluir el de injuriar”.
Gregorio telefoneó a Tomasa en varias ocasiones y la llamó “puta” y “ladrona”, sí son constitutivos de infracción penal. Dice la juzgadora de grado que esas expresiones no ofrecen una mínima entidad en sí mismas, ni se ha acreditado que se hubieran proferido con animus injuriandi, esto es, fueron sin intención de menospreciar, descacreditar o despreciar la reputación de la agraviada. Sin embargo, la existencia de una fuente de fricciones existente entre ambos, constituida fundamentalmente por las alegadas entregas de dinero no devueltas, motivó las llamadas telefónicas, y la atribución del epíteto “ladrona”, junto con el de “puta”, no permite excluir la existencia de un animus injuriandi, pues siendo las expresiones ofensivas en sí mismas, no se ha expuesto ningún otro animus que pueda considerarse relevante a los efectos de excluir el de injuriar. Y si el objeto de protección es la dignidad entendida como el conjunto de valores ético- sociales que identifican a una persona y que le hacen merecedora de respeto y consideración en la sociedad con independencia de su clase social, profesión, religión, raza o sexo, las expresiones empleadas, por su naturaleza, efectos y circunstancias, han menoscabado dicha pretensión de respeto comprometiendo la dimensión ética de la persona, afectando a su propia consideración como ciudadana.
Esas consideraciones no se pueden trasladar al otro supuesto, el contenido que se expuso en la citada red social, pues en él se relacionaba un problema que había tenido un amigo suyo con la denunciante, no con el fin de afectar a la dignidad de ésta, sino con el de avisar a otros de los intervinientes en dicha red, de la existencia de ese problema, y en el acto del juicio se puso de manifiesto la existencia de otros de índole semejante. Sin entrar en la veracidad de tales afirmaciones, tal como se dejó dicho con anterioridad, lo cierto es que tales discusiones existen, de forma que la actuación de Gregorio no puede ser merecedora de reproche penal, al coexistir ese otro ánimo que puede excluir el de injuriar.
La Audiencia Provincial de Madrid confirma en 2014 la sentencia de instancia (2013) que absuelve al denunciado por un delito de maltrato en el ámbito familiar al no existir ilícito penal alguno en el correo electrónico que Franco envía a Delia, y que decía: “qué es lo que te pasa… Ya no me dejas ver a los niños, estás mal de la chota o qué? Es una hija de la gran…Déjame ver a los niños o de lo contrario te vas a arrepentir… Me da igual los jueces o trabajadores sociales… Tú no me conoces, cabrona”. De existir algún ilícito no es el de amenaza (no existiría amenaza explícita alguna, según la sentencia de la APM), sino el de injuria leve, y habría prescrito ya.
Juan Ramón mantuvo una conversación a través de un chat de internet con quien había sido su pareja sentimental, Ángela, y durante la cual, y con ánimo de ofenderla, le profirió expresiones tales como “hija de puta, ramera, golfa, drogadicta, camella, te vas a enterar. Tanto en primera instancia como la Audiencia Provincial de Madrid declaran prescrita la falta de injurias (han pasado más de 6 meses desde que se produjeron) y no ven delito de amenazas en la frase “te vas a enterar”.
Las injurias y las amenazas, como vemos en este último caso y podemos imaginar, van juntas muy a menudo. Por eso nos detendremos en el próximo post a hablar de ellas.

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