LOS DELITOS EN LA RED . Intro.

Supongo que no está bien alegrarse de las desgracias ajenas. Ni menos de su muerte. Yo no lo hago o, por lo menos, no suelo hacerlo; pero cada uno se alegra con lo que puede y queda en su fuero interno. Allá cada cual.

Una serie de comentarios en internet ha provocado la privación de libertad de varias personas, y la imputación de unas cuantas más, mientras se pide investigar a nada menos que 17.500 personas por las palabras vertidas durante una final de baloncesto en contra del pueblo judío a través de las redes sociales.

Cada uno se alegra de lo que puede, decía. Puestos a alegrarnos de algo, parece normal expresar nuestra alegría ante quienes nos rodean: contar a otros mis motivos de alegría, o de tristeza, de enfado, frustración o de lo que sea es parte de mi condición de ser humano, de mi sociabilidad. Alegrarme por el fallecimiento de un familiar que me ha dejado una cuantiosa herencia no parece decir mucho en mi favor, pero no me convierte en delincuente; comunicar a mi entorno que estoy feliz por la muerte de mi tía Enriqueta, y mostrar alegría por el fondo de inversión y el chalet que me ha dejado, tampoco lo hace. De ahí a que sea delito hay un buen trecho.

Entonces, ¿qué comentarios de los que hemos visto publicados en internet últimamente pueden (o deberían) ser considerados una infracción al código penal? ¿Cuáles no pasan, a mi entender, de un mero exabrupto, de una frase que demuestra que soy, ciertamente, bastante mala persona pero que no por ello debo ser imputado ni condenado?

De lo que pretendo hablar aquí –y en los posts sucesivos- es de la relación que guardan estos comentarios realizados en internet con el derecho penal.

Compartir mi alegría con quienes me rodean, decía más arriba. El meollo del asunto está hoy, precisamente, en determinar quiénes son esos que nos rodean. Los cinco imputados por amenazas y provocación al delito son chavales de 19 y 20 años, que entran dentro de esa generación de los denominados nativos digitales: se han criado en las redes sociales (su propio hogar virtual dentro de la casa familiar); Youtube y Facebook han ejercido, seguramente, de canguros mientras “niño no molestes que estoy con la cena” o porque “llegaré tarde, juega con tus amiguitos en la tablet”. La cuestión es que el comentario que hace no tanto se realizaba en el bar, acodados en la barra, llegaba a oídos de los tres parroquianos más cercanos a mi taburete. El tipo del al lado podía comentar que te había escuchado decir esto o aquello, y el círculo se ampliaba un poco más. Hoy, el chascarrillo puede llegar hoy a miles de ciudadanos: comento algo a mis amigos y éstos, gracias al carácter expansivo y viral de las redes sociales, provocan que mi comentario llegue a millones de personas. Es lo que llamamos publicidad.

Ciertamente, comentar que hay que “matar a todos los peperos”, que la muerte de Isabel Carrasco “deja a España con menos porquería”, que hay que poner “unas bombas bien puestas [en los Premios Goya] y a tomar por culo un buen montón de rojos” o decir a la periodista Ana Pastor que “deberían degollarte las tropas moras de franco” son algo más que un chascarrillo.

El uso del hashtag #putosjudios en Twitter, que reunió más de 17.500 participaciones con todo tipo de alusiones a Hitler y lo que debería hacerse con los judíos tras la victoria del Maccabi de Tel Aviv ante el Real Madrid en una final de baloncesto, es por el momento lo más reciente o, por lo menos, lo que dará más guerra: ¿perseguir a 17.500 personas a las que previamente hay que identificar para poder denunciar después?

Semanas después, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha pedido por primera vez que se investigue a los usuarios de dos cuentas de Twitter y una de Facebook desde la que se insultó de forma repetida a Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, madre de un chico de 20 años fallecido en los atentados. Desde esas redes sociales se dijo que le había tocado la lotería cuando mataron a su hijo y se la llamó “puta prototerrorista” (?). El fiscal de la AN Marcelo de Azcárraga ha pedido al magistrado que acuerde todas las diligencias solicitadas por la denunciante, pues las expresiones proferidas podrían constituir un delito de humillación a las víctimas del terrorismo. Dichas diligencias consisten, entre otras, en librar comisión rogatoria a Estados Unidos para que las dos redes sociales faciliten la identidad de los autores.

En Twitter, un usuario que fue obligado a cerrar su cuenta (algo absurdo, sin duda) escribió en su cuenta ‘Calla puta que no tienes dignidad’ refiriéndose a Cristina Cifuentes, quien denunció los hechos y, dos años después, ha conseguido condenar a este joven a pagar 300 euros de multa, 1.000 euros de indemnización y las costas del juicio. Además, ha tenido que pedir perdón públicamente.

En total, más de una veintena de personas han sido detenidas por escribir en redes sociales. ¿Por escribir cualquier cosa? Por supuesto que no.

Comencemos distinguiendo entre posibles delitos –o faltas- que puedan cometerse en las redes sociales en virtud del contenido de los comentarios publicados. Veremos también algunas sentencias, para conocer mejor cuál es la línea jurisprudencial al respecto a través de casos concretos, y veremos qué condena pueden sufrir.

En las redes sociales, la publicidad de lo que decimos no es un hecho menor. Son tres las principales figuras delictivas que dan lugar a imputaciones y posteriores condenas cuando lo que se juzga es el contenido de nuestras palabras, y veremos qué papel juega en ellas la publicidad, ya que hablamos de redes sociales. Son las siguientes:
1.- Injurias y calumnias
2.- Amenazas
3.- Provocación y apología

Hasta ahora, las más frecuentes eran las dos primeras. De la misma manera que uno injuria a alguien en la calle, lo puede hacer en ese nuevo espacio público que es internet. Lo mismo cabe decir de las amenazas: cruzarse con alguien y amenazarle de muerte es el equivalente 1.0 a esa misma amenaza vertida en un foro de internet cualquiera, o dirigiéndola a través de Twitter, por ejemplo.
Sobre la provocación y la apología volveremos más tarde. Por ahora, centrémonos en las dos primeras. Empezaré por las injurias y las calumnias.

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